Aunque en apariencia aquí hablo de Salud en Aragón, hoy me voy un poco más lejos y voy a comentar algo sobre Salud Mundial y sus amenazas desde ahora en 2026 al 2099, que queda mucho más trabajado. La Comisión Lancet sobre las Amenazas Globales a la Salud del Siglo XXI, caracteriza y prioriza 17 amenazas interrelacionadas catastróficas para la salud mundial durante el resto de este siglo.
El estudio compara amenazas muy distintas utilizando, entre otras medidas, los años de vida ajustados por discapacidad (DALYs) acumulados que podrían evitarse si el mundo evoluciona hacia escenarios más favorables que los actuales. Advierto que no están en orden de posibilidad ni de importancia, pues eso depende de varios factores imposibles de imaginar hoy. Veamos esas 17 debilidades actuales ante el futuro.
Conflicto nuclear.
Uso malicioso de la inteligencia artificial, ante guerras o amenazas biológicas.
Cambio climático.
Contaminación atmosférica.
Resistencia a los antimicrobianos o antibióticos y otros tratamientos frente a microorganismos resistentes.
Pandemias de origen natural.
Conflictos armados convencionales.
Malnutrición infantil.
Obesidad.
Hipertensión arterial.
Tabaquismo.
Consumo elevado de alcohol.
Mala salud mental.
Envejecimiento no saludable, aumento de años de vida acompañado de enfermedad y dependencia.
Desigualdad de ingresos.
Bajo nivel educativo.
Descenso de la ayuda al desarrollo destinada a la salud, en los países con sistemas sanitarios deficientes.
La Comisión coloca el conflicto nuclear y el uso malicioso de la IA en una categoría especial, porque considera que, aunque su probabilidad sea difícil de determinar y posiblemente mucho menor que la de problemas cotidianos como la obesidad o la hipertensión, sus consecuencias extremas podrían llegar a representar una amenaza existencial para la humanidad.
Las otras quince tampoco deben interpretarse como una simple lista de enfermedades. Está hecho de forma deliberada que aparezcan juntas cuestiones tan diferentes como obesidad, desigualdad, guerras, salud mental, educación o contaminación. Hablo de amenazas de pérdida de salud en estas próximas décadas.
Nadie teme que la obesidad, la salud mental o el tabaquismo sea más peligrosos que unas bombas nucleares, pero produce más muertes. Efectivamente, excepto en el hipotético caso de que todo explotara, algo sumamente complejo de asumir.
La Comisión Lancet utiliza una medida bastante particular; los DALY acumulados evitables entre 2025 y 2100. Un DALY equivale aproximadamente a un año de vida saludable perdido por muerte prematura, enfermedad o discapacidad. Compara para cada amenaza un escenario favorable con otro desfavorable; por tanto, no está afirmando que todos esos años vayan necesariamente a perderse.
Además, la Comisión no establece un ranking del 1 al 17. Las 15 amenazas «catastróficas» superan el umbral de 1.000 millones de DALY acumulados potencialmente evitables; aparte sitúa el conflicto nuclear y el uso malicioso de la IA por su capacidad potencial de amenazar la supervivencia humana. Sería los dos únicos procesos maliciosos que podrían acabar con la humanidad. Veamos el gráfico, y si pinchas sobre la imagen se verá grande, para poderla leer. Abajo la dejo repetida para verla más grande.
Si uno pensara inicialmente en "las grandes amenazas del siglo XXI", probablemente colocaría en primer plano guerra nuclear, cambio climático, pandemias e inteligencia artificial. Sin embargo, el trabajo de The Lancet conduce a una conclusión bastante diferente: buena parte de la pérdida de salud de aquí a 2100 puede proceder de fenómenos mucho menos espectaculares y que ya están ocurriendo.
El caso más llamativo es la obesidad. Sus 23.100 millones de años de vida saludable potencialmente evitables superan las cifras publicadas para educación (16.100 millones), desigualdad económica (13.800 millones), uso malicioso de IA (10.400 millones), guerra nuclear ponderada por su probabilidad (9.350 millones) y cambio climático directamente cuantificable (1.890 millones).
Eso no significa que The Lancet diga que la obesidad es «más peligrosa» que una guerra nuclear. Son riesgos de naturaleza completamente distinta. Un factor muy frecuente y persistente puede acumular una cantidad gigantesca de pérdida de salud durante 75 años; mientras que un acontecimiento poco probable puede tener unas consecuencias incomparables si llega a producirse.
¿Y en España? Las que ya están actuando masivamente serían envejecimiento no saludable, obesidad, hipertensión, mala salud mental, tabaquismo, alcohol, contaminación atmosférica y cambio climático. Esa es la mayor presión cotidiana sobre el sistema sanitario español durante las próximas décadas. En un segundo plano estarían resistencia antimicrobiana y nuevas pandemias. Y existe finalmente una tercera familia: guerra nuclear, utilización maliciosa de la IA y grandes conflictos. Su probabilidad es mucho más incierta, pero la Comisión los incluye porque sus consecuencias máximas pueden ser extraordinariamente superiores a las de los riesgos sanitarios convencionales.
No son 17 amenazas independientes. Se alimentan entre sí. El envejecimiento aumenta la vulnerabilidad al calor y a la contaminación; obesidad e hipertensión agravan las enfermedades cardiovasculares; la desigualdad y la educación modifican prácticamente todos los demás riesgos; las guerras destruyen sistemas sanitarios; el cambio climático favorece desplazamientos, inseguridad alimentaria y determinados riesgos infecciosos. El gran peligro sanitario del siglo XXI quizá no sea una única catástrofe, sino la suma y la interacción de amenazas que ya tenemos delante.


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